Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

¿Qué muerte sufrió Jesús en la cruz la primera muerte o la segunda?

 

Versión 10-10-08

 

 

Carlos Aracil Orts

 

Introducción*

Pretendemos con este estudio desarrollar algo más, el epígrafe nº 4, párrafo nº 9 del Estudio “Por qué Jesucristo es el único que puede salvarnos de la muerte”, que a continuación se transcribe:

“En este momento, quizá sea necesario aclarar que Cristo no sufrió la primera muerte sino la segunda, puesto que Jesús no heredó el pecado de Adán, debido a que su Padre es Dios mismo (Mateo 1:20; Lucas 1:35). Era esencial, pues, que el Salvador del mundo, no estuviera afectado del pecado original para que su sacrificio fuera válido. Y como tampoco cometió ningún pecado en su vida personal, Él fue idóneo para ofrecerse como rescate por todos los pecados que nos condenaban a la muerte eterna, y que fueron cargados sobre Él (Isaías 53:5,6; Romanos 6:23;  Mateo 20:28; Marcos 10:45, 1ª Timoteo 2:6; Romanos 8:3; 2ª Corintios 5:21).”**

Brevemente, voy a tratar de ampliar los argumentos y textos bíblicos en que me fundamento para hacer la afirmación mencionada en el estudio citado arriba:

La primera muerte, la que todos conocemos y algún día experimentaremos, si Cristo no aparece a tiempo para rescatarnos en su segunda venida, es consecuencia de la caída de Adán en el pecado. De la misma, todos seremos resucitados, “...los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” (Juan 5:29 úp). Por tanto, las decisiones y elecciones que tomemos en esta vida son las que determinan nuestro destino eterno.

Por eso Jesús afirma solemnemente: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida. (Juan 5:24; Romanos 8:1-3).Es decir, sí en esta vida somos obedientes a su Palabra, aunque muramos por culpa de Adán, nuestros pecados son imputados o cargados a Cristo, y Él, nos imputa su justicia, obteniendo, por tanto, de este modo, el derecho a la vida eterna (Romanos 3:24).

También Pablo nos estimula a identificarnos con la muerte que Cristo sufrió en lugar nuestro: “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron;(15) y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó”. (2ª Corintios 5:14, 15)

La muerte primera entró por un hombre, el primer Adán, y la vida eterna, por el postrer Adán, Jesús (1ª Corintios 15:45).

Entiendo que san Pablo está afirmando precisamente eso en los siguientes textos:

Romanos 5:12

“12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.”

1ª Corintios 15:21, 22

“21 Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. 22 Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.

Esta frase en Adán todos mueren se refiere, en mi opinión, indudablemente, a la muerte primera, por la que todos hemos de pasar, y que procede de Adán, debido a que su culpa nos es imputada a todos sus descendientes, como se deduce de los textos de Pablo.

¿Acaso, también Jesús fue afectado por el pecado original de Adán?

La muerte primera, como consecuencia directa del pecado original que cometió Adán,  afecta, evidentemente, a todos sus descendientes, pero no a Jesús que fue engendrado directamente por Dios, mediante el Espíritu Santo (Mateo 1:20: “...porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.”). Lucas añade: “...por lo cual el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.” (Lucas 1:35).

Si la virgen María le hubiera transmitido a Jesús el pecado original que a todos los seres humanos se nos imputa, Él debería morir por ello, y no podría dar su vida en rescate por la humanidad. Sin embargo, Él puede decir: “...pongo mi vida por las ovejas (Juan 10:15 úp.), y “Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar...” (Juan 10:18).

A continuación citamos más textos que ratifican nuestra afirmación de que Jesús no tuvo ni conoció pecado.

2ª Corintios 5:21 (Ver además Romanos 8:3)

“21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

Hebreos 4:15:

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.”

La Biblia, pues, prueba que la naturaleza humana de Jesús es impecable y santa, sin atisbo de pecado. Por eso el puede ofrecerse como rescate y paga por nuestro pecado (Véanse los siguientes textos: Romanos 6:23;  Mateo 20:28; Marcos 10:45, 1ª Timoteo 2:6; Romanos 8:3; 2ª Corintios 5:21).

Jesús carga sobre sí nuestros pecados, y al morir por ellos nos libera de la penalidad del pecado que es la muerte eterna (Isaías 53: 5, 6; Romanos 6:23)

Isaías 53: 5, 6

“5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

Romanos 6:23 (Ver también Ezequiel 18:4-32)

“23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Jesús no nos salva de la primera muerte sino de la segunda, puesto que todos somos pecadores y merecemos la muerte eterna por nuestras trasgresiones. Él carga sobre sí todos los pecados y paga con el valor infinito de su vida nuestro rescate. Dios lo resucita porque Él es inocente, sin pecado, y con Él, todos los que le aceptamos recibimos la vida eterna que Él ha conseguido para nosotros.

Por eso Ezequiel 18 afirma que “el alma que pecare esa morirá”, no de la primera muerte –pues ésta es para todos igualmente-  sino de la segunda. Sin embargo, Dios da la solución a este problema mediante Jesucristo: Él sufre la muerte que nos correspondería a nosotros, es decir la muerte segunda. Ahora bien, para recibir la vida eterna, debemos reconocer que somos pecadores, y convertirnos, apartándonos de toda iniquidad, y aceptar la vida y muerte de Jesús por la nuestra.

Si cuando sufrimos la muerte primera estamos unidos a Cristo, ésta no provoca una separación espiritual de Dios sino que se puede recibir con paz en el alma y esperanza en la resurrección gloriosa, porque nuestros pecados han sido perdonados por medio de la sangre de Jesucristo.

Sin embargo, éste no fue el mismo caso de Jesús, pues cuando Él pendía de la cruz, poco antes de exhalar su espíritu, experimentó una terrible separación de su Padre, al que había estado totalmente unido, porque en ese momento, la carga de nuestros pecados requería  su muerte, para que la justicia de Dios se cumpliera en Él (Romanos 3:25).

Los evangelios de Mateo y Marcos nos narran ese momento tan dramático de los últimos instantes de la vida de Jesús. Lo que Él experimentó, sin duda, fue la  muerte segunda, la cual tuvo que sobrellevar en nuestro lugar por nuestros pecados. Y porque significó romper su unión con el Padre, le hizo exclamar: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Mateo 27:46 úp.; Marcos 15:34 úp.).

 

*******

 

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 

 

 

 

 

*Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

**En el menú Soteriología de esta Web, se encuentra también el estudio citado que se relaciona con el tema tratado en el presente artículo.

 

 

<Anterior> <Arriba> <Siguiente>

 

Usted es el visitante: