Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

Debate Teológico sobre la Salvación

 

Versión 04-01-2010

 

Carlos Aracil Orts

Antecedentes

La idea de realizar este debate fue sugerida por Don José Luis Mira, Licenciado en Geografía e Historia. Aprovecho, para agradecer, desde aquí, a Don José Luis, por su magnifica idea, que le surgió con la lectura de mi estudio bíblico* “el Pecado, la Ley y la Gracia”. Espero sea bien acogida por la generalidad de los lectores de esta web, a los que agradeceré también todas sus aportaciones.

A continuación, en primer lugar, se presenta el escrito de Don José Luis Mira, con el que se inicia este debate, que comenta y plantea varios interrogantes sobre la salvación y sus fundamentos bíblicos en la que se sustenta, así como los problemas teológicos que se suscitan al encarar este trascendente asunto, que afecta a todos los seres humanos, de forma abierta, sin prejuicios, pero siempre ajustándose a lo que nos ha revelado la Palabra de Dios, tratando de no “...pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros.” (1ª Corintios 4:6 úp.).

En segundo lugar, encontraremos mi respuesta a Don José Luis Mira, en la que abordo los temas por él planteados, y trato de responderlos desde mi perspectiva bíblica. Se refieren estos temas a la validez de la cronología bíblica a la luz de la ciencia actual, la obligatoriedad o no del bautismo para la salvación del creyente, y por último, si el ser humano una vez convertido a Cristo, o sea nacido de nuevo del “agua y del Espíritu” (Juan 3:5), puede pecar gravemente o rechazar a Cristo y perder la salvación.

A continuación, y por último, respondo a la pregunta de nuestro amigo Martin sobre si las siguientes palabras que Jesucristo declara a Nicodemo, "Respondió Jesús: de cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios." (Juan 3:5), se referían al bautismo cristiano.


 

José Luis Mira

Inicio del debate teológico sobre la salvación

 

4 de enero de 2010

 

Estimado Carlos, he leído con interés tu estudio sobre el Pecado y la Salvación por la Gracia de Dios en Xto. En general estoy de acuerdo en casi todo lo que dices, aunque tengo algunas objeciones de detalle.

La Cronología bíblica y su importancia en la doctrina de la salvación

La primera es con respecto a la cronología bíblica, que no creo puede ser tomada literalmente. Lo de seis días, al igual que su conversión en 6.000 años, creo que es una ilustración que nos orienta sobre un proceso, no un "hecho" real en sí mismo. Lo mismo me sucede con Adán y Eva y con su condición de santidad originaria. Creo que son ilustraciones sobre la condición humana que, teniendo capacidad moral e intelectual para reconocer y obedecer a Dios, se degrada a sí misma continuamente, es decir: desde el principio, por un exceso de ambición. En resumidas cuentas: para mí el fondo es cierto, pero la forma es una pura metáfora (desde el punto de vista de los conocimientos científicos, etc, que hoy tenemos).
 
La necesidad del bautismo por inmersión para la salvación.

Otro punto con el que no estoy totalmente de acuerdo es con la necesidad del bautismo por inmersión para la salvación. Reconozco que el simbolismo de este bautismo es mucho mayor que el del bautismo por aspersión....pero de todas formas lo que creo más importante es el bautismo por el Espíritu Santo (es decir, el 2º nacimiento). Si el bautismo de agua se puede relacionar con la predicación de Juan el Bautista, el del E.Santo es propio del Evangelio de Jesucristo. El primero expresa la "necesidad de limpieza" que experimenta todo aquel que ha sido "tocado" por la Gracia de Dios y que, por lo tanto, ve insuficientes todos los medios humanos creados para "justificar" al pecador. No obstante, este bautismo no puede pretender una verdadera regeneración moral y espiritual del creyente, aunque sí comporta un fuerte testimonio social y humano, ante los demás.

Sólo cuando un pecador se entrega realmente a Jesucristo para salvación hay un verdadero 2º nacimiento y estimo que esto puede suceder SIN el bautismo de agua, aunque lo que la Escritura parece recomendar es que ambos bautismos vayan lo más unidos y relacionados que sea posible.
 
¿Puede el cristiano pecar gravemente y perder la salvación?

El otro punto que me parece importante e insuficientemente tratado es el que hace referencia a la pregunta que considero fundamental: ¿puede el cristiano pecar gravemente y perder la salvación?

Es un punto difícil, en el que pesan mucho las convicciones teológicas de cada uno.....
 
Parece que la Escritura reconoce que en el cristiano verdaderamente convertido y "nacido de nuevo" siguen existiendo inclinaciones carnales que darán origen -inevitablemente- a pecados reales, los cuales son perdonados por la Gracia de Dios, en tanto en cuanto nacen más bien de la distracción y de la debilidad que de una verdadera inclinación al mal. Por eso dice la Escritura que el pecado no prevalecerá en ellos.

Desde ese punto de vista es IMPOSIBLE que el cristiano verdadero pueda cometer el pecado imperdonable (que en realidad es aquel pecado que implica una deliberada y total exclusión de la Gracia de Dios en Xto).

Las advertencias (terribles....) que podemos encontrar en Hebreos, se dirigirían -por lo tanto- a cristianos nominales que, no habiendo experimentado la regeneración espiritual, están todavía en un estado de perdición (aunque exteriormente pudiera parecer lo contrario).

He leído -y me parece muy correcto- que la diferencia entre el cristiano y el no cristiano, no es que el primero NO COMETA pecados y el segundo SÍ LOS COMETA, sino más bien que en el cristiano PREVALECE la orientación marcada por la gracia (por lo que el pecado en él es la excepción y no la regla...) mientras que en el NO CRISTIANO, prevalece la orientación hostil a Dios, marcada también por la enemistad al prójimo.....(por lo que el pecado en él es la regla y la conducta realmente virtuosa es aparente o fingida, aunque no se puedan excluir frutos relativamente buenos en el ámbito del afecto natural hacia los familiares, amigos, por la llamada gracia natural o común).
 
En fin, tocamos un tema realmente complejo y difícilmente nadie se encontrará totalmente justificado como para patrimonializar la verdad de la Escritura.
 
No tengo pegas si decides compartir el contenido de este mensaje con otros contactos (si lo ves útil en algún sentido).
 
Saludos en Xto
 
Josep Lluís Mira

 


 

Debate Teológico sobre la Salvación (Respuesta)

 

Versión: 6-01- 2010

 

Carlos Aracil Orts

 

Introducción**

Estimado José Luis, me alegro mucho que estemos de acuerdo en cuanto a lo fundamental de mi estudio sobre “el Pecado, la Ley y la Gracia”. Es bueno, hermoso y agradable “...que todos lleguemos a la unidad de la fe...” (Efesios 4:13).

En tu correo planteas tres apartados muy interesantes e importantes. El primero, sobre la cronología bíblica, se enfrenta a los postulados de la ciencia que se refieren a la edad de la vida en este planeta, lo cual es siempre muy controvertido, porque no podemos discutir a la ciencia sin riesgo de que nos llamen ignorantes e ingenuos.

El segundo tema que abordas es sobre si el bautismo es necesario para la salvación. Y por último, si el cristiano fiel puede llegar a perder la salvación. Son temas todos ellos muy importantes, como decíamos antes, sobre los que voy a dar mi modesta opinión a continuación. Con vuestro permiso enviaré este correo a varios de mis amigos y también a Martín, y con permiso de éste, os enviaré, en correo separado, mi respuesta a una pregunta relacionada con este tema del bautismo que le respondí hace solo unos días. Con esta breve introducción, vamos ya a enfrentarnos con los puntos citados arriba.

1. La Cronología bíblica y su importancia en la doctrina de la salvación

¿Puede tomarse literalmente la cronología bíblica? ¿Cuántos años hace que hay vida sobre este planeta? ¿6.000 años? ¿10.000? ¿12.000? o ¿Acaso 3.000.000.000 años como asegura la ciencia?

El primer desacuerdo, que no es de menor importancia, radica, cómo no, en la cronología bíblica, que según tu opinión no puede ser tomado literalmente. Es decir, nos estamos refiriendo a los temas denostados por la Ciencia como son, los seis días de la creación, el inicio de todos los tipos de vida, vegetal, animal y humana hace aproximadamente unos 6.000 años, y la condición de santidad originaria de Adán y Eva.

¿Son mero simbolismo los minuciosas genealogías descritas en muchas partes de la Biblia (Mateo 1:1-17; Lucas 3:23-38; Gén. 5:1-32;6:9; 10:1-32;11:10-26;11:27-32?

¿No crees que descripciones genealógicas tan detalladas pretenden, contrariamente a lo que tu piensas, demostrarnos la literalidad real de la creación? Todas ellas tienen el propósito de revelarnos a un Dios cercano y creador directo de la primera pareja a su imagen y semejanza (Génesis 1:26, 27; 5:1, 2). Sin embargo, la teoría de la evolución afirma que nuestro Padre no es Dios sino algún simio aventajado que dirigido por la “sabia evolución” se ha ido transformando hasta hacerse a imagen de Dios. ¿No es esto un tanto irracional? ¿No atenta este concepto contra la misma Revelación de Dios? ¿Creeremos antes a las corrientes filosóficas y científicas de este mundo, que a Dios (Tito 1:2; Hebreos 6:18; Romanos 1:25?)

Si lo que afirma la Ciencia sin que pueda demostrarlo fuese cierto, es decir que la vida aparece por azar, hace tres mil millones de años, como una especie de bacteria u organismo unicelular, que deriva de lo simple hasta lo más complejo, y que a través de millones de años y mutaciones, desemboca en la formación de las distintas especies, lo que dice la Santa Biblia sería falso. Hay una total incompatibilidad, porque la teoría de la evolución implica que la muerte existió siempre, incluso antes del surgimiento del “homo sapiens”, y por tanto, antes de que el pecado surgiera. Aparte de lo irracional del planteamiento, que parece dar a la evolución inteligencia para saber adónde se dirige y cuántos tipos de organismos ha de crear, implica, además, un concepto inaceptable para el creyente cristiano, y es que Dios crea seres o vidas imperfectos que en su evolución progresan a una mayor perfección y complejidad, lo cual contradice, en mi opinión, totalmente la revelación bíblica.

Si la primera pareja humana no hubiera sido perfecta y santa en todos los órdenes no sería justo que Dios les hiciera responsables de haberle desobedecido y pecado contra Él, condenándoles a morir irremisiblemente.

Respeto tu opinión que, al igual que la de la iglesia Católica, trata de conjugar lo que afirma la ciencia con lo que dice la Biblia. Los creyentes no podemos entrar en los argumentos “científicos” porque la mayoría no somos científicos, y cuando pretendemos defender nuestra fe entrando en su campo somos fácilmente derrotados. Nuestra fe se fundamenta en que Cristo vino al mundo a expiar nuestros pecados y a vencer a la muerte. La ciencia jamás entenderá ni admitirá todo eso. El problema del pecado es tan grave que Dios tuvo que morir en Cristo, entregándose así mismo por una humanidad que vivía ajena a Él y a su plan redentor. Al respecto, quizá tiene razón el Pastor Haroldo Camacho cuando afirma que no debemos oponer “Creación” a “Evolución” sino “justificación por la fe versus evolución” (Recomiendo leer este articulo del debate “Evolución versus creación” de mi web www.amistadencristo.com).

Quiero concluir este primer punto de desacuerdo citando el consejo de Pablo a Timoteo que considero totalmente aplicable en la actualidad a todos los cristianos.

1ª Timoteo 6:20: “20 Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia, 21 la cual profesando algunos, se desviaron de la fe. La gracia sea contigo. Amén.”

2 ¿Es necesario el bautismo para la salvación?

Primero de todo, deberíamos aclarar si vale de algo bautizar a niños que todavía no tienen uso de razón, y por tanto no pueden entender la doctrina cristiana, ni tomar por sí mismos la decisión de aceptar a Cristo como su salvador personal. Puesto que el bautismo en sí mismo no salva ni puede perdonar pecados, lo que salva es la fe con que se acepta el mismo. En mi opinión, cualquier tipo de bautismo sólo tiene sentido, si interviene la razón y la voluntad humana para aceptar conscientemente lo que Dios está ofreciendo mediante él.

Podemos dejar aparte lo de si el bautismo debe hacerse por aspersión o por inmersión, y centrarnos, solo en sí es obligatorio para la salvación.
 
¿Es el bautismo un mandamiento del Señor en el Nuevo Pacto?

Si decimos que sí a esta pregunta, cabe preguntarse a continuación lo siguiente:

¿Puede un cristiano salvarse si transgrede voluntaria y conscientemente algún mandamiento de Dios?

Veamos que nos dice el NT respecto a la primera pregunta.

Mateo 28: 19, 20: “19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”

Marcos 16: 15:, 16: “15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. 16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Creo que Jesús es bastante claro y contundente con esta declaración. El creyente debe ser bautizado, después de que se declara creyente, para cumplir la voluntad de Dios.

Hechos 2:38- 42: “38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. 39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. 40 Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. 41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. 42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”

1ª Pedro 3:18-22: “18 Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; 19 en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, 20 los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua. 21 El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo, 22 quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades.”

El bautismo en sí mismo no produce la verdadera regeneración moral y espiritual del creyente, sino la acción transformadora de la Palabra de Dios y del Espíritu Santo (1ª Pedro 1:23; Santiago 1:18).

¿Para qué sirve, pues, el bautismo? ¿Es sólo un rito? ¿Sirve sólo para dar un fuerte testimonio social y humano de nuestra fe cristiana ante los demás?

Querido José Luis, estoy totalmente de acuerdo contigo en este párrafo tuyo:

“Sólo cuando un pecador se entrega realmente a Jesucristo para salvación hay un verdadero 2º nacimiento y estimo que esto puede suceder SIN el bautismo de agua, aunque lo que la Escritura parece recomendar es que ambos bautismos vayan lo más unidos y relacionados que sea posible.”
 
En mi estudio sobre “El Pecado, la Ley y la Gracia” afirmo eso mismo:

“Desde el momento en que creemos que Jesucristo es el Hijo de Dios, y nuestro redentor, pues nos ha rescatado con su sangre, recibimos el perdón de todos nuestros pecados (Hechos 16:30-34; 8:36-39; 2:38; 5:31; 10:43; 10:38; 26:18; Efesios 1:7; Colosenses 1:14), y somos salvos para la vida eterna. La justificación, o lo que es lo mismo, el perdón de todos nuestros pecados, pasados, presentes y futuros nos ha abierto el camino al cielo. (Romanos 4:21-24; Hebreos: 10:19-25).”

El bautismo es un signo exterior que confirma ante uno mismo y ante el mundo una realidad que se ha producido en el corazón del creyente: su nacimiento espiritual, su conversión a Dios. El creyente se bautiza no para cumplir de forma legalista un rito religioso más, sino que debe dar ese paso con toda consciencia de lo que significa: Su primer acto de fe. Así como Abraham al obedecer el extraño mandato de Dios de ofrecer el sacrificio de su único hijo Isaac que demandaba Dios, se perfeccionó su fe, así también se perfecciona la fe del creyente que se bautiza siendo sumiso a la voluntad de Dios (Santiago 2:21-23, 25).    

El creyente cuando se bautiza está evidenciando a él mismo y a todos los que asisten a la ceremonia bautismal lo siguiente:

A) Que cree firmemente que todos sus pecados han sido perdonados y que ha sido declarado justo ante Dios (Hebreos 10:10,14; Tito 3:5-7; Efesios 1:13; Romanos 3:24; 4:3).

B) Que desde ese momento ha muerto para el pecado. Ya no es esclavo del pecado. (Romanos 6:2, 10-14, 17, 18-23).

C) Que su inmersión en el agua representa que ha sido “...sepultado/s juntamente con él [Cristo] para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del padre, así también nosotros andemos en vida nueva.” (Romanos 6:4)

Resumiendo: Dios es el que salva por medio de nuestra fe (Romanos 5:1,2). El bautismo es un signo externo que no tiene sentido aparte de nuestra fe. El bautismo es un mandamiento de Dios. Obedecemos este mandamiento como cualquier otro, no para salvarnos sino porque somos salvos y deseamos complacer a Dios en todo, y porque sabemos que así se perfecciona nuestra fe. Con él, damos honra y gloria a Dios, testificando, al mismo tiempo, a los demás, de las grandes cosas que Dios ha hecho en nosotros. La inmersión en agua simboliza nuestra muerte al pecado, nuestra sepultura juntamente con Cristo y nuestra resurrección a una nueva vida regenerada por el Espíritu santo. En mi opinión, lo que dijo Cristo a Nicodemo, en Juan 3:5, “...el que no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.”, significa que el Espíritu nos hace nacer por medio de su Palabra (1ª Pedro 1:23; Santiago 1:18) y nacer del agua simboliza perfectamente la resurrección a la nueva vida.

3.  ¿Puede el cristiano pecar gravemente y perder la salvación?

José Luis, suscribo totalmente lo que afirmas en este punto. Efectivamente, es un tema del que nadie puede decir la última palabra, porque sólo Dios sabe estas cosas. No obstante, si que podemos razonar acerca de todo lo que la Sagrada Escritura nos ha revelado al respecto, lo cual no es poco.

En primer lugar, todo cristiano fiel y maduro debe vivir en la seguridad de la salvación, no dudando nada que ya ha sido salvo por la fe en la sangre derramada por Cristo. No es algo que sucederá cuando Cristo venga en gloria a llevarnos con Él al cielo. Desde el mismo momento en que hemos creído firmemente en Jesús por la gracia de Dios, Él, “...nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, (14) en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.” (Colosenses 1:13). La salvación, pues, no está en el futuro, sino en el pasado, Cristo murió por mí, yo lo acepto y vivo en consecuencia. Ya soy salvo, porque he sido librado de las tinieblas y  llevado al reino de Cristo (Véase además Hebreos 10:10, 14).

2ª Tesalonicenses 2: 13-15: “13 Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, 14 a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo. 15 Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra.16 Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, 17 conforte vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra.”

Dios, nos ha llamado mediante su evangelio y hemos sido santificados por su Espíritu y la fe en la verdad. Si permanecemos firmes en esta doctrina, “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? (Romanos 8: 35). Además, hemos sido escogidos “en él [Cristo] antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.” (Efesios 1:4; léase además Efesios 1:3-14; Romanos 8:28-30). Fijémonos que Dios nos escoge para que seamos santos y sin mancha delante de Él. Por tanto, juzguémonos u observémonos a nosotros mismos, si vamos por el camino de santidad, o por otro distinto. Nuestra visión siempre debe estar puesta en nuestra meta, que es la santidad en Cristo, para no desviarnos por caminos tortuosos, no que puedan hacer perder la salvación, sino que al apartarnos del verdadero camino (Cristo es el camino, Juan 14:6) sufriremos mucho hasta volver al único camino que conduce a vida eterna.

Romanos 8: 31-39: “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? 32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? 33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 34 ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. 35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36 Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. 37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”

La Santa Biblia nos da muchas más razones para que no dudemos en ningún momento que la salvación está garantizada por Dios. No hay accidente, ni percance, ni ninguna circunstancia externa a nosotros que pueda oponerse en la voluntad de Dios, para evitar que seamos salvos. En cierto sentido, no depende de nosotros sino que está en manos de Dios (Apocalipsis 7:10). ¿Qué nos corresponde a nosotros? Mantenernos firmes en la fe, mediante la comunión con Dios y su Palabra.

Filipenses 2: 12-16: “12 Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, 13 porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. 14 Haced todo sin murmuraciones y contiendas, 15 para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; 16 asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado.”

Ocupémonos, pues, de nuestra salvación, que ya es un hecho pero que no se debe descuidar. Sin embargo, tengamos siempre la total seguridad, “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;” (Filipenses 1: 6). Veamos también todo el contexto que es muy pedagógico:

Filipenses 1: 3-11: “3 Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, 4 siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros, 5 por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora; 6 estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; 7 como me es justo sentir esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia. 8 Porque Dios me es testigo de cómo os amo a todos vosotros con el entrañable amor de Jesucristo. 9 Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, 10 para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, 11 llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.

Concluyendo, nuestra salvación es un hecho que está en el pasado, en el momento que aceptamos a Cristo por la fe, y no en el futuro. No podemos dudar de esto, porque sería hacer a Dios mentiroso (Hebreos 6:17-20). Sin embargo, esa garantía de la salvación nunca debe conducirnos a la jactancia, orgullo espiritual e insensatez, sino que debemos ocuparnos de nuestra salvación con temor y temblor, reconociendo en todo momento que somos pecadores, débiles en nuestra carne, con muchas flaquezas que nos harán pecar muchas veces pero casi nunca voluntariamente, porque “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.” (1ª Juan 3:9). Sin embargo, tengamos en cuenta que “si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. (1ª Juan 1:8).

¿Y si pecamos? Perdemos la comunión con Dios hasta que nos arrepentimos, reparamos la falta y pedimos perdón a Dios, y nuestra comunión con Dios es restaurada “Si confesamos nuestros pecados, él [Dios] es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. (1ª Juan 1:9). Sin embargo, la salvación cuando uno ha nacido de  nuevo del “agua y del Espíritu” (Juan 3:5) nunca se pierde.

4. Conclusión. ¿El que ha nacido de nuevo puede perder la salvación?

No podemos asegurar tajantemente que el que ha nacido de nuevo no pueda perder jamás la salvación. En mi modesta opinión, creo que el cristiano auténtico y fiel nunca, y por ninguna circunstancia, puede perder la salvación.

Como hemos visto, la Santa Biblia nos da una total seguridad y garantía de la salvación en Cristo, y con respecto a si este don preciosismo que Dios nos ha dado se puede perder, dejo a cada uno que medite en la Palabra y que luego obtenga sus propias conclusiones:
 
Hebreos 10:26-31: “26 Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, 27 sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. 28 El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. 29 ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? 30 Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. 31 ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!”

Hebreos 6:4-12: “4 Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5 y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, 6 y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. 7 Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; 8 pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada.

9 Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así. 10 Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún. 11 Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, 12 a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.”

 

Carlos Aracil Orts
www.amistadencristo.com


Debate Teológico sobre la Salvación

 

“¿Crees que Juan 3:3,5 apunta al bautismo en agua?”

 
Versión 12-01-2010

 

Carlos Aracil Orts

1. Introducción

Estimado Martin, me alegro que hayas leído mi artículo, “El Pecado, la Ley y la Gracia”, y agradezco la pregunta que me haces, la cual, con la ayuda de Dios, trataré de contestar a continuación. Los versículos claves son los siguientes:

Juan 3: 3, 5, 6: “3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

(5) Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.”

Tu pregunta que transcribiré a continuación, surge del primer párrafo de “¿A partir de qué instante se evidencia material o físicamente esa salvación?,  del estudio sobreEl pecado, la Ley y la Gracia”:

"Dios nos exige un acto que demuestre nuestra fe, el bautismo por inmersión en agua (Hechos 2:38). Es un acto de fe porque implica haber aceptado el evangelio de la salvación por gracia como un don gratuito dado por Dios, en el que no interviene ninguna obra ni mérito humano, para que no podamos jactarnos de nada (Romanos 3:27). Es también nuestra primera obra de obediencia a su Palabra. La fe se prueba con nuestras obras de obediencia a Dios y a su Evangelio. Como dice el apóstol Santiago, “la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma” (Santiago 2:17-24). En ese mismo momento nacemos de nuevo, es decir, nacemos de agua y del Espíritu (Juan 3:3,5), y se nos imparte el don del Espíritu Santo (Hechos 2:38; Juan 7:37-39;14:17, 26; Efesios 1:13, 14)." (Primer párrafo de “¿A partir de qué instante se evidencia material o físicamente esa salvación?,  del estudio sobreEl pecado, la Ley y la Gracia”).

2.“¿Crees que Juan 3:3,5 apunta al bautismo en agua?”

En mi modesta opinión lo que declara nuestro Señor Jesús es esencialmente que el nuevo nacimiento de cada ser humano a la fe cristiana se produce por la acción del Espíritu Santo. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” (Juan 3:6). El agua simboliza dos cosas al mismo tiempo:

A) La Palabra de Dios

B) El bautismo por inmersión

¿Qué medio utiliza el Espíritu Santo para convertir y convencer de pecado a los seres humanos?

“Dios llama a cada ser humano mediante su Evangelio (Romanos 1:16; 10:17), le convence de su culpabilidad mediante la ley moral y lo lleva a Cristo (Romanos 10:4; Gálatas 3:24).” (Primer párrafo “Resumiendo el proceso de salvación de lo seres humanos, del estudio sobreEl pecado, la Ley y la Gracia”).

Romanos 1:16, 17: “16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. 17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.”

Romanos 10:8-13: 8 Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: 9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. 11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. 12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; 13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? 15 ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! 16 Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? 17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”

La conversión del ser humano se realiza, pues, por la acción del Espíritu Santo, que usa su Palabra para convencerlo de pecado y convertirlo a la fe. Luego la fe viene por la predicación, el oír, y por el estudio y lectura de la Santa Biblia (Romanos 10:17).

¿Por qué afirmamos que el agua simboliza también a la palabra de Dios?

Porque así lo afirman los apóstoles Pedro y Santiago:

Santiago 1:17,18 (Ver 1ª Pedro 1:23-25): “17 Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. 18 Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.”

Dios “nos hizo nacer por la palabra de verdad” (Santiago 1:18). Si la Palabra de Dios nos hace nacer a la fe, el agua es símbolo de esa Palabra y por eso lo usa Jesús.

Por otra parte, el agua, evidentemente también simboliza al bautismo, “porque somos sepultados juntamente con Cristo para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.” (Romanos 6:4). Nacer del agua es, pues, un símbolo apropiadísimo para resucitar a vida nueva, lo que representa el nuevo nacimiento en Cristo (Véase además: Tito 3:5; Efesios 5:26; Hechos 22:16; 1ª Corintios 6:11; Hebreos 10:22; 1ª Pedro 3:20-21). El lavamiento en agua por el bautizo también simboliza el perdón de nuestros pecados.
 
Espero que te sirva de ayuda lo que te he escrito.

No obstante, estoy siempre a tu disposición, como ya sabes.

Carlos Aracil Orts
www.amistadencristo.com

 

 

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*Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

**En la sección "Sobre la Ley de Dios" de esta Web, se encuentra también el estudio citado que se relaciona con el tema tratado en el presente artículo.

 

 

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